¿Qué necesitas para cerrar ciclos?

Actualizado: 25 mar

Todos sabemos que el año no se terminó el 31 de diciembre y que seguramente nada cambió mágicamente en el primer minuto del primero de enero. No se borraron los errores o los dolores del año pasado ni se abrieron nuevas posibilidades insospechadas que estaban cerradas mientras siguiera siendo diciembre. Sin embargo, todo sí puede cambiar. ¿Por qué?


Porque he aprendido que podemos utilizar las circunstancias externas como catalizadores del cambio interior.


Podemos utilizar las circunstancias externas como catalizadores del cambio interior.

Es como si quisiéramos empezar a hacer ejercicio y, de repente, todos nuestros amigos quieren hacerlo también; seguramente será mucho más fácil para nosotros crear ese cambio en nuestras vidas cuando nuestro entorno inmediato lo facilita. De la misma manera, es más fácil redireccionar nuestra vida en fechas en donde todos nos ponemos de acuerdo para decir “se acabó este año” o “ahora si voy a empezar a hacer esto”.


Entonces, aunque el 31 de diciembre y el 1 de enero son solo fechas en un calendario, psicológicamente hablando podemos utilizarlas de manera poderosa por el significado social que le hemos atribuido a lo largo de nuestra vida.


Sacar tiempo para preguntarnos por lo que queremos y por qué lo queremos es muy importante, independiente de la fecha en la que estemos, así que ¿por qué no aprovechar estos momentos en donde se supone que debemos hacerlo para realmente hacerlo?


Tal vez no estamos donde planeábamos estar hace un año o no conseguimos ni la mitad de las metas que nos propusimos, ¡pero no importa! Mirar en retrospectiva no sólo nos permite reconocer el camino recorrido y los logros alcanzados, sino que también nos prepara para el camino que aún nos queda por recorrer y los logros que todavía queremos alcanzar.






Mirar en retrospectiva no sólo nos permite reconocer el camino recorrido sino que también nos prepara para el camino que aún nos queda por recorrer




Hace unas semanas, mientras escribía el Guidebook “5 Preguntas para Cerrar el 2021 (si todavía no lo has hecho)”, me encontré con una frase de Søren Kierkegaard, uno de mis filósofos favoritos, y desde entonces he seguido pensando en ella.

Kierkegaard dice:

"La vida solo puede ser entendida mirando hacia atrás, pero tiene que ser vivida mirando hacia delante".

Lo primero que se me vino a la cabeza cuando la leí fueron todas las veces en que he intentado avanzar de manera ciega, sin haber primero mirado hacia atrás o sin preocuparme por entender cómo yo mismo me había traído hasta ese lugar.


Por eso, para mí, el final de los ciclos significa un momento en donde puedo reevaluar mi vida (mis pensamientos, mis sentimientos, mi evolución, mis relaciones, etc.) y el camino recorrido hasta ese momento. Hacer esto me permite reconocer obstáculos, logros y aprendizajes, así como darme cuenta de propósitos que sigo teniendo y que aun no he logrado o no he trabajado lo suficiente por hacer que sucedan.


Este “mirar hacia atrás” no siempre es fácil…


Sin embargo, este “mirar hacia atrás” no siempre es fácil, pues también implica un reconocimiento de mis errores, de mi pereza o de haber alineado mal mis prioridades.


Y es por eso que a veces no nos gusta mirar hacia atrás, porque implica reconocer nuestra responsabilidad en nuestra vida. Lo bonito es que, al reconocer la carga, reconocemos también nuestra fuerza: sabernos responsables de nuestra vida nos empodera y nos devuelve el control de ella.

Y, al fin y al cabo, de esto se trata para mí cerrar ciclos: de mirar hacia atrás y reconocer nuestro papel en lo ocurrido. Pero no termina ahí, porque no podemos quedarnos de manera indefinida “mirando hacia atrás”, porque se puede convertir en una forma de evitar vivir el presente o enfrentarnos al futuro. Y esa no es la idea, porque la vida sigue avanzando y nos exige seguir avanzando con ella, por más que a veces quisiéramos quedarnos aferrados al pasado.

La vida sigue avanzando y nos exige seguir avanzando con ella.

Por eso no basta con mirar hacia atrás, sino que hay allí un aspecto fundamental que siempre se nos olvida: soltar. Para cerrar un ciclo tenemos que aceptar que ese ciclo ya terminó y reconocer dentro de nosotros aquello que necesitamos para poder dejar ir el pasado.


Para cerrar un ciclo tenemos que aceptar que ese ciclo ya terminó y reconocer dentro de nosotros aquello que necesitamos para poder dejar ir el pasado.


Porque solo entonces, cuando ya no estamos aferrados a lo que fue o a lo que pudo ser, podemos abrirnos verdaderamente a un nuevo ciclo, a una nueva relación, a una nueva versión de nosotros, a una nueva vida…


Y bueno, por eso es que no sucede por arte de magia, porque como en todos los cambios positivos internos, tendremos que poner de nuestra parte. Pero lo que sí podemos hacer es utilizar factores externos (como las fechas) para darle fuerza, atención y energía a ese movimiento interno que nos permite cerrar lo que ya no va más, y prepararnos con una apertura tranquila y amorosa a la posibilidad de que algo nuevo surja, o a la construcción activa de eso que queremos.


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